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DOÑA JULIA


¿Cómo será perderlo todo en un suspiro? ¿Qué te obligó a renunciar? 
La vida cansa, quizá sea verdad.
Han pasado cuatro años de tu muerte, y aquí pasan y dejan de pasar cosas, momentos, llantos, sonrisas. Hay caras nuevas en la familia, ésta crece y crece y, al parecer, también olvida, pero no a ti, eso es seguro. 
Te recuerdo de sonrisa coqueta y mirada inquebrantable, te recuerdo con el amor que nos enseñaste a sentir, a tu manera, a nuestra manera. 
Tu ausencia es un golpe a la memoria, un insulto a mis días en el espejo. 
Pero te cuento, estoy aprendiendo a hablar de ti sin llorar en el intento. 

Te abrazo, de aquí a donde estés, doña Julia.


DOÑA JULIA

Ella es inalcanzable
Estatua perfecta de la inmensidad.
Fragmento de estrella fugaz
que recorre insistentemente las plantas de mis pies.
El misterio se resuelve al encontrarme en su mirada,
seres marrones que seducen,
liberan, cautivan.
El ayer se pasea por sus manos,
juega, discute y se rinde.
Es ella quien me habla de las noches en las que dormí
entre susurros y cantos de grillos,
de los días en los que el tiempo se mecía en mis labios
mientras me cantaba una canción de cuna,
momentos en los que corría a refugiarme en el caparazón
de la tortuga que triplica mi edad,
sedienta de luz y anhelos de juego.
Me cuenta de la ausencia,
de los mitos en sus mejillas
y el olor a miedo de mis pupilas.
Reveló las historias
y el secreto de los dioses dejó de importarme.
Somos ella y yo
y en esta dualidad soy,
sin miedo,
reflejo de épocas distintas,
palabras inquietas, música
y poesía en tardes de revuelta.
Mujer atrapada en el viento.
Inolvidable herencia y pasión genuina.
Ella es la que nunca quiso ser.
Y desde entonces escribe,
para olvidar que quiso ser quien fue.


Agosto 2010


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