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Correspondencia

¡Acércate! Quiero rozar tus labios con mi lengua lentamente. Quiero besarte y tocarte como no lo han hecho otras manos en tu vida, acariciarte y llevarte a la ruina, o quizá, ¿a la gloria? Necesito decirte que tengo ganas de ti, de gozar de tu cuerpo, quiero que me hagas olvidar los miedos. Quiero ceder, quiero sentirte. Quiero ser algo más que el tiempo que se caduca fuera de la habitación. Quiero acercarme a ti para luego comenzar a desnudarte. Beso tu rostro, muerdo tus orejas y deslizo mis manos por tu cuerpo, por tu piel desnuda, descendiendo hasta llegar al centro, temerosas mis manos comienzan el juego y los temblores en tu cuerpo me piden que continúe. Quiero caminar sobre tu espalda desierta, morder tus piernas y provocar una explosión para saciar la sed que me provoca la idea de unos besos atrevidos.
Te arrojo a la cama, observo que sonríes y me intimida tu mirada. ¿Te lo había dicho antes? Camino hacia ti y me coloco sobre tu cuerpo, danzamos horizontalmente, danzo sobre tu sexo, te susurro cosas al oído, palabras que después comprenderás, por ahora sólo hay espacio para la excitación que nos provoca el sabernos distantes, ajenos y callados. Puedo reflejarme en tu mirada mientras sofocamos al deseo y cansamos nuestros cuerpos con latidos intermitentes…

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