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PARA NO OLVIDAR

Llueve, es 2 de octubre, el día que no se olvida, yo sé poco de todo y escribo de lo que sé, en este caso, de lo que siento.  Hoy escribo para recordar aquel día en que la ciudad se vistió de rojo, me duele la muerte de estudiantes, de profesores, de niños, de mujeres, de policías. No viví el 68, pero vivo y siento las muertes diarias, los asesinatos, los secuestros, los golpes, el silencio, los asaltos, el miedo. Me resulta imposible no estremecerme con la indiferencia de la que, estoy consciente, yo también formo parte. Vivimos al margen de nosotros mismos, olvidamos, nos volvemos fríos y aceptamos la violencia como algo cotidiano, olvidamos las sonrisas, los abrazos.  Sería genial volvernos un poquito más humanos. PARA NO OLVIDAR  Que no se olvide el olor de la sangre,  en las plazas, en las calles,  que no se olviden los asesinatos aislados,  que no se olvide el dolor y la ausencia,  las camas vacías, la ropa sucia teñida de sombras...

Herminio Martínez, hombre de temporal

Una vez más, agosto se tiñe de tristeza, el dragón ganó la batalla y mi maestro Herminio Martínez regresó al viento de Machigua.  Qué difícil es saberse efímero, saberse frágil, mortal, qué difícil es despedirse de quienes han marcado tu vida. Maestro Herminio, gracias por tanta inspiración, por las palabras, por las anécdotas, por creer en quienes asistimos al taller "Diezmo de palabras". Gracias por hacerme saber que la literatura da vida, y es así que usted seguirá vivo en sus letras, en cada metáfora, en cada palabra, incluso en este blog que lleva por nombre uno de sus versos. Hace unos meses hice una reseña de la poesía de este gran escritor, la dejó aquí.  A los pies de Machigua Herminio Martínez nació el 13 de marzo de 1949, en la Cañada de Caracheo (Cortazar, Guanajuato), a los pies de Machigua, nombre con que ha bautizado al Cerro de Culiacán. Creció con la naturaleza, entre cantos de pájaros y árboles que lanzaron al viento ...
Y ella sigue ahí, en él. Difícil entender que el pasado tenga tanto peso sobre la memoria, que nos regrese, una y otra vez, al mismo recuerdo, el instante en que comenzamos a morir. No puedo con los fantasmas, menos si esos fantasmas siguen tan presentes, si recorren las palmas de sus manos. No soy buena remendando heridas.

DOÑA JULIA

¿Cómo será perderlo todo en un suspiro? ¿Qué te obligó a renunciar?  La vida cansa, quizá sea verdad. Han pasado cuatro años de tu muerte, y aquí pasan y dejan de pasar cosas, momentos, llantos, sonrisas. Hay caras nuevas en la familia, ésta crece y crece y, al parecer, también olvida, pero no a ti, eso es seguro.  Te recuerdo de sonrisa coqueta y mirada inquebrantable, te recuerdo con el amor que nos enseñaste a sentir , a tu manera, a nuestra manera.  Tu ausencia es un golpe a la memoria, un insulto a mis días en el espejo.  Pero te cuento, estoy aprendiendo a hablar de ti sin llorar en el intento.  Te abrazo, de aquí a donde estés, doña Julia. DOÑA JULIA Ella es inalcanzable Estatua perfecta de la inmensidad. Fragmento de estrella fugaz que recorre insistentemente las plantas de mis pies. El misterio se resuelve al encontrarme en su mirada, seres marrones que seducen, liberan, cautivan. El ayer se pasea por sus manos, ...
Como si importara que el tiempo se quede en mis manos, la huella que indudablemente dejan los años, como si importara que mis silencios se cubran de sinsentido y ruido, no soy más que ese interminable olvido, al que todos, casi todos, me envían. No hay palabras esta noche, no hay nada más que pesimismo, ese que se queda impregnado en la piel, en los labios. Déjame, esta noche, alzar la voz y aniquilar cualquier rastro de verdad, lléname de mentiras si eso me permite ser real.

Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida.

Hace unos días vi unos videos de Guanajuato y, lectores (si es que los hay), se me erizó la piel. Sí, se me llenaron de recuerdos los labios y de sal las mejillas, Guanajuato fue algo así como el primer amor, y me deslumbró.  Hace ya ocho años de aquel acontecimiento, llegar a la ciudad de cantera me llenó de emociones diferentes, la nostalgia por la casa paterna/materna (y eso que regresaba a Cortazar cada semana), el miedo de no saber a qué me enfrentaba, la alegría de reconocerse en el otro, ese otro que de alguna manera se sentía igual que tú. Hermosa facultad de Filosofía y Letras (ahora dividida en Departamentos), cómo olvidarte, cómo olvidar el café de olla de don Migue, las pláticas en los pozos, las posadas en el patio de la facultad, el baile del torito, el agua de chía los Viernes de Dolores. Profesores que marcaron de una u otra manera a quien hoy escribe. A Valenciana le debo el inicio (ni bueno ni malo) en las Letras. Y en esto continúo, de terca.  C...

ESTÍO

A esta ciudad le tiemblan las entrañas,  y no estarás para ver cómo nos hundimos, cómo, de entre los escombros, surgirá el miedo, pues estamos hechos de ira, de dolor.  Ya se camina entre fantasmas, muecas de hambre, niños que no comprenden tanta ausencia, no conocen el sonido de la risa, el rojo de las calles lo inunda todo, lo destruye todo. Cuando regreses no encontrarás la casa de tus padres, tus hijos habrán destrozado cada uno de los muros y no verás de nuevo la sonrisa de los tuyos, para entonces, se habrán desgarrado los recuerdos, se encargarán de fragmentarse, de volverse nada. Lo olvidaba, no regresarás, te convertiste en polvo y lanzaste al aire tu espíritu libre. Berenice Patiño Roa. Junio de 2014