Ir al contenido principal

Instantes de nada


Se han dicho muchas frases,

palabras totalmente fuera de sentido,

mentiras, verdades, se han aplacado las ganas,

el placer.

Se han dado besos, robado caricias,

escuchado gemidos, lanzado gritos.

Hemos sido las fieras que cumplen salvajemente el deseo.

Se han gozado los cuerpos, mordido los labios,

reconocido los sexos.

Sin embargo, queda una sensación de vacío,

un silencio incomodo

entre la distancia y la duda,

entre el ayer y el hoy.

Se han olvidado los encuentros,

han muerto las sonrisas y ha vuelto

el misterio en la mirada

de quien dice mucho con tan poco.


Comentarios

  1. Ahora me castiga tu voz
    golpeándome la cara con el viento;
    me duele tu nombre en el recuerdo;
    me hieren tus lagrimas calladas,
    tu sangre conmovida.
    Tu espera de sauce
    junto al rio de mis venas...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Un día común...

Quizá es un buen momento para que las palabras se derramen sin sentido y los latidos se olviden en el teclado que tocan mis dedos, letras pequeñas, letras en tono azul significando poco o tal vez nada, el tarareo de una canción que habla del ayer, un ligero olor a melancolía se pasea por mi cuerpo y de repente, se detiene. ¡Cuenta, cuéntame algo que sea verdad! O miénteme como siempre, yo seguiré sentada en esta silla que puede ser el juguete perfecto de cualquier niño, esperando un momento para olvidar, olvidar que debo recordar, recordar que los silencios gritan en mis sueños y soñar que escribo frente a una computadora un texto que se olvidará. Olvidé escribir para ti, ¿ o para mi?

DON GÜERO

En los ojos del abuelo se encontraba el mar, yo no sé si él lo sabía porque sus oídos, hacía tiempo, habían dejado de escuchar . Don Boni iba de rancho en rancho vendiendo medias, servilletas, peines y  agujetas, cuando regresaba a casa sus nietos corríamos a su encuentro para ayudarle a cargar (arrastrar) las cajas de cartón a cambio de unos chicles. Es inevitable pensar en las canicas, en los yoyos, en cómo nos enseñó a bailar el trompo, en las historias que nos contó bajo el mezquite, en la ceja blanca y la ceja negra, la enorme sonrisa y aquel sombrero que conservo. El Güero fumaba sus Faros, aun cuando el humo ya había hecho estragos en la salud, se sentaba en la entrada de la casa y “escondía” el cigarro para que no sospecharan que seguía fumando, cosa curiosa, porque en su espalda una estela gris lo delataba. Abuelo, las cajas de cartón siguen arriba del ropero y tus nietos e hijos seguimos hurgando en ellas, pero ninguno desata los nudos porque nos da m...

Incertidumbre

El olor a sexo se confundía con los recuerdos, los besos suponían, más que pasión, compromiso. Jugaba con el cuerpo, con el sudor en la frente de aquel extraño que ocupaba un espacio en la cama, no recordaba lo sucedido y las marcas en su cuerpo provocaban la confusión. Mariana recurre al olvido, mientras en los labios le queda un desagradable sabor a decepción.