viernes, 4 de diciembre de 2015

El polvo del deseo

A falta de palabras propias recurro a las palabras olvidadas, a la poesía del otro, ese otro en el que me veo y descubro. Diciembre siempre ha sido un mes extraño, entre los días rojos y los de ausencia, entre las dudas y propósitos jamás cumplidos, entre las sonrisas que ya no existen y los abrazos que hicieron falta. 

Entre tantas cosas sin sentido, me encuentro, revolviendo entre las sábanas los anhelos muertos.


EL POLVO DEL DESEO
Gonzalo Rojas

Por mucho que la mano se me llene de ti
para escribirte, para acariciarte
como cuando te quise
arrancar esos pechos que fueron mi obsesión en la terraza
donde no había nadie sino tú con tu cuerpo,
tú con tu corazón y tu hermosura,
y con tu sangre adentro que te salía blanca
reseca, por el polvo del deseo:

Oh, por mucho que tú hayas sido mi perdición
hasta volverme lengua de tu boca,
ya todo es imposible.
Allá abajo los barcos me esperan. Con su ruido
me estoy partiendo de todas las cosas,
de tu carácter y de tu belleza.

Me estoy partiendo de eso que eres tú
hoy que tu cuerpo sabe a quemadura
y se te escapa el fuego por la herida.

De eso me estoy partiendo, y empiezo a despegar
con la primera luz, cortando el agua inmóvil
que se parece al filo de tu piel, cuando sopla
sobre ella el viento de mi desesperación.

Hubo una vez un hombre. Hubo una vez
una mujer vestida con tu cuerpo desnudo
que palpitaba adentro de todas mis palabras,
los vellos, los destellos
de una mujer sellada por mi propia locura,
que tenía tus mismos labios, tus mismos ojos.

Pero de esa mujer no quedas sino tú
sin labios y sin ojos.
Para mí ya no quedas sino como la forma
de una cama que vuela por el mundo
y que nunca podré compartir con tu encanto,
porque estaré partiendo cada día de ti,
más lejos y más hondo en tu hermosura.

Tú llorarás a mares
tres negros días, ya pulverizada
por mi recuerdo, por mis ojos fijos
que te verán llorar detrás de las cortinas de tu alcoba,
sin inmutarse, como dos espinas,
porque la espina es la flor de la nada;
y me estarás llorando sin saber por qué lloras,
sin saber quién se ha ido:
si eres tú, si soy yo, si el abismo es un beso.

Todo será de golpe
como tu llanto encima de mi cara vacía.
Correrás por las calles. Me mirarás sin verme
en la espalda de todos los varones que marchan al trabajo.
Entrarás en los cines para oírme en la sombra del murmullo. Abrirás
la mampara estridente: allí estarán las mesas esperando mi risa
tan ronca como el vaso de cerveza, servido y desolado.

Quiero que aquí te acabes
con tu cuerpo dotado de pelaje divino
que se te salga el cuerpo por la espina del llanto.
Tu cuerpo, que era como la flor del movimiento.

Que te mueras de mí. Quiero que aquí te acabes
sin darte mi semilla.

martes, 7 de julio de 2015

No me pregunten cómo pasa el tiempo

Llueve mientras comienzo a escribir, estoy en la casa paterna-materna, lugar en el que comenzó todo.

Hace algunos años comencé de terca con las Letras. Este camino ha sido largo, muuuuuy largo dirán algunos, ahora ya no me importa lo que opinen (creo).
Estuve en  Guanajuato, en la linda y querida Valenciana, conocí personas extraordinarias, viví, sentí y creí en la vida. Hice amigos a quienes muchas veces, y sin que ellos lo supieran, los llamé mis hermanos, pero bueno de Guanajuato ya hablé en  uno siempre vuelve a los viejos sitios...


Después, por azares del destino, o por la bendita zonzez que me caracteriza, dije adiós a la ciudad de cantera y llegué a la ciudad del caos, al odiado y querido Distrito Federal. Nunca me han gustado los cambios, cuando entré a la UAM-I parte de mí seguía en Guanas, me reclamé los errores, lloré como Magdalena, estaba enojada, pero, las sorpresas llegaron, creo que de alguna manera las cosas siempre vuelven a su cauce, siempre. Aquí también tengo amigos entrañables, he compartido llanto, alegrías, gritos, lluvias, fiestas, bailes, letras y más letras. 

Durante este tiempo tuve maestros bien chiditos, y otros no tantos, aprendí de ellos, y sin duda aprendí también de las personas que estuvieron a mi alrededor, mis compañeros y amigos en este viaje letroso, agradezco la oportunidad que me han dado de volar con ustedes. 

En la UAM-I me aceptaron el 4 de agosto de 2009, un año después, exactamente, mi abue decidió convertirse en un espíritu libre, doña Julia no está ahora para decirle que terminé, que a pesar de todo terminé, y la quiero y la extraño todos los días, pero supongo que lo sabe y se ha de reír de mí. =)
No sólo partió doña Julia, también mi maestro Herminio, a quien le debo parte de mi amor a las letras, quien me permitió creer que puedo, de vez en cuando, escribir, que es en la literatura donde todo se es posible, el rumor del viento de Machigua siempre me acompaña. 

Es curioso, siempre imaginé que sería diferente, que sentiría emoción, pero supongo que la emoción escapó así como fueron pasando los años, así como a mi cabello se le fue escapando el color y los otoños comenzaron a marcar mi piel. Ni siquiera sé para qué me va a servir ese papelito, quizá mis padres quieran colgarlo en la sala de la casa, o qué se yo. 



Y pos nada, gracias a mis papás que no me mandaron al carajo en la primera falla y me apoyaron, alimentaron y pagaron mis rentas (lo siguen haciendo, pues, pero espero eso cambie pronto). Gracias infinitas a quienes han compartido estos tantos años de terquedad y frustración.


Gracias, compas de Corta, Chumacera, banda del Eruditos Club, compas de Valenciana, bandita UAMera, gracias familia. 





                



No sé qué es lo que sigue, pero ojalá no dejemos de coincidir.


No me pregunten cómo pasa el tiempo, sólo sé que yo sigo aquí.
¡Gracias totales!

Los ailobiu forever.

lunes, 16 de marzo de 2015

De cuando todo es nada.


Y sí, siempre vuelvo aquí cuando se me desmadra la ilusión, cuando los sentimientos andan todos locos, cuando odio, amo, río, lloro, miento madres, abrazo. Se me van los días entre tanta pinche mentira e ilusiones mal logradas.
Yo debería escribir del día de su nacimiento, en el que nacieron todas las flores, el mismo día en que Dios estaba enfermo, y sin embargo estoy aquí, con las letras atrapadas en las yemas de mis dedos, con la sal marcando las mejillas, con un extraño sentimiento de coraje, decepción y tristeza. Y a pesar de todo, lo quiero en mis días, en mis pasos, en mi cama, en mi sonrisa. Lo quiero. 

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A Mariana le ha dado por querer, por ofrecer algo más que el cuerpo, ese cuerpo que en las noches se consume en la agonía, cada verano su piel se estremece, se olvida. 
Mariana y el engaño, Mariana y el sabor de la mentira en sus labios, Mariana y la poca certeza del ayer.  
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Lo que quedó de este fin de semana fue una fotografía de la ausencia.